Small Worlds: belleza pixelada
Se trata de una pequeña obra maestra en formato flash de cortísima duración firmada por David Shute, que demuestra una vez más que, para que los videojuegos sean entendidos algún día como arte, sobran altos presupuestos, texturas en Hd o guiones de pastiche barato.
La exquisitez pixelada de cada escenario, la tímida melodía que envuelve cada uno de estos micro universos en los que la labor del jugador es tan simple como primitiva, explorar el entorno, convierte este breve viaje en una regresión a la infancia, una vuelta a los orígenes, el sentido de la maravilla encerrado en la mínima expresión.